Ven, Cristo, ven

Ven, Cristo, ¡ven!
Acude al crepúsculo,
al culmen de tu idolatría.
 
Finalmente cesa,
culmina y se eleva. 
Es tu ausencia un puente.
Es tu puente una ausencia.
 
Ya no hay más pecados,
sino simple condición humana;
que se asume, que se rasga.
 
Ya no hay miedo al infierno,
sino autocrítica constante.
Ya nadie juzga, ya nadie mira.
 
Ven, Cristo, vuelve a resucitar.
Ya no somos tiempo devorado,
somos agnósticos autorizados.
 
Somos bendito entre lo bendito,
ya no somos meros ángeles caídos.
Somos un tierno perdón eterno.
 
Ven, Cristo, acude a tu olvido.
A la ruptura de tu fe ciega.
Resucitaste y volviste a desaparecer.
¡Con tanto poder y actos divinos!
¡¿Por qué no has vuelto a renacer?!
 
Esta sociedad actual,
se merece una nueva aparición tuya.
Ven, Cristo, ¡ven!
A la ausencia de tu boca,
a la ausencia de tu palabra.
 
Ven y calla mi prepotencia.
Ven y calla mi insolencia.
Ven y cúrame de tu ausencia.
Ven, Cristo, ¡ven!

J. N. R.

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