El trono
El
trono no sólo representa poder y deseo de dominio hacia los demás. Simboliza
también lo ficticio que resulta la fama y querer o desear el reconocimiento.
Todos luchan por sentarse en él; los buenos, los malos, los que lo merecen, y
los que no. No importando si se está en plena juventud o viceversa, en una
vejez con ilusoria experiencia. Los méritos que se realizan para estar sentados
en el trono serán admirables o absurdos. Hay quienes se sentarán décadas, años,
meses, días, minutos, incluso segundos. No importa, inclusive, han sacrificado
sus vidas por aferrarse al trono y lucharán con otras personas por él. Se
autodestruyen por la ambición. Morirán por sentarse en él, no obstante, la
gente que los idolatre también perecerá. Sus hazañas y los errores no serán
recordados. Vendrán personas nuevas, habrá nuevos tronos; más sofisticados, no
parecerán tronos, pero en el fondo lo serán. El ciclo se repetirá hasta la
extinción total del ego y la falsa humanidad que conlleva en cada lucha de
poder jerárquica y creada a base de ilusión por querer dominar a los otros.
J.
N. R.


